Moises Simons' Manisero: First boom of Latin American music around the world

El Manisero de Moisés Simons: Primer boom de la música latinoamericana a nivel mundial

Moisés Simons, autor del Manisero

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"Who wouldn't dance to this music!
This can really be called rhythm!”

Josephine Baker


Moisés Simons, the celebrated author of the Cuban song, "El Manisero," was born in the crowded Jesús María neighborhood in Havana on August 24, 1888. He died in Madrid, Spain on June 28, 1945.

He was the son of a Basque musician, Leandro Simons. He began his musical education at the age of 5 and by 9 years old he was the organist of the church in his neighborhood. Shortly therafter he was the Chapel Teacher at the Havana Church of Pilar.

While he was still young he founded a group that played many of the popular songs from the Teatro Martí. Later he played at the Teatro Payret. He was part and parcel of the bohemian lifestyle of Havana's open air cafés. He also studied traditional Cuban musical folklore and some of his compositions came out of that time period, such as "El manisero" and "Chivo que rompe tambó," which immortalized Ignacio Villa, also known as "Bola de Nieve".


During the 1930's, Moisés Simons arrived in Paris. He went there accompanied by Antonio Machín as the pianist in his orchestra, which had just come from the United States and England. The world famous Josephine Baker resided in Vesinet a the time in a splendid villa called, "Beau Chene". She owned a panther, which was her favorite pet, and she slept on a Louis XV piano.

The Cuban musician, who was very popular all over Europe, visited her. Ms. Baker invited him to have a cup of coffee and he lit up a cuban cigar. Afterward, the famous vedette suggested he hit the Louis XV piano and play the first few phrases of a rumba. Simons humored her and from the first chords the hostess, moving her hips and arms, exclaimed: "Who wouldn't dance to this music! This is what you can really call rhythm!" Carpentier was witness to this historical anecdote.


The same year Simons visited Paris, on October 11, 1931, the Mistinguette recorded "El Manisero" on the Rue San Martín, the heart of Saint Denis, with the celebrated Creole Band of the Parisian café called Coupoule, but using the title, "La rumba d'amour."

The versions of this Cuban musical piece were more numerous by the day. According to Carpentier, "El manisero is going ...(just as it says in the chorus), but he comes back, returns, each time enriched by a new voice, a new instrumental version...".


Almost four decades later, another Cuban, Ernesto Lecuona, included "El manisero" in the movie, "The Cuban Song", filmed by Metro Goldwin Meyer. A quarter of a century later, the American singer, Judy Garland, sang a fragment of the piece in the program called, "A Star is Born".

Besides being a composer and musician, Simons also carried out Cuban folkloric musical studies and collaborated as a musical critic with different magazines in the 1930s. During that decade he was the director of a jazz band and he interpreted danzones in that musical format. He was also the technical director of the Society of Typical Concerts.


He traveled to Spain and France and in the latter obtained hits with his music. He was included in the Author Society of France. His catalogue of work reveals a singular versatility with regard to genres, all taken on with accuracy such as lyric pieces like "Marta" or afros such as "Chivo que rompe tambó." Other pieces: "Suena, guarachita, suena," "Qué es el danzón," "Oh, Cuba hermosa," "La negra Quirina," "Paso ñáñigo," "Rumba guajira," "Serenata cubana," "Nenita," "Flan y merengue," "Kubanacán," and more.

Simons participated in the musicalization of several films and was President of the Solidarity Musical Association of Typical Concerts of Cuba.


Later he worked as a concert pianist and as the musical director for lyrical theater companies and wrote the operetta, "Deuda de Amor," featuring Esperanza Iris. He was the band director for the Teatro Martí and participated in various zarzuelas, lyric comedies and musical reviews which he wrote, such as "La Revista de 1914" and the "Pescador de Corales."

In December 1931, Alejo Carpentier, then correspondent for the magazine Social in Paris, sent a chronical to Havana in which he happily reported:

"Everyone has a copy of our national song, "Manisero!" The loudspeakers on the boulevards play it over and over; Mistinguette sings it at the Casino in Paris; it has invaded Berlin, Belgium, the Costa Azur ...it can be heard in Palestine, next to the Wailing Wall; it is played in Constantinople, in the cabarets of the Russian princesses, victims of the revolution; their maracas play next to the fried food stands that make the Sphinx of Egypt cough..."

He was referring to the song, "El Manisero," by Moisés Simons of Havana, written on a bohemian evening in El Prado, with the complicity of a journalist friend of the author who saw an asian immigrant cross the street, mumbling about the selling of a handful of toasted peanuts. Moisés wrote the words down on a napkin and committed the melody to memory, later transferring it to his piano.


Three years later, another Cuban, Antonio Machín, recorded the piece in New York, accompanied by the orchestra of Don Aspiazu and created the first recorded version of a Cuban song that sold more than a million copies. This represented the first Latin American musical boom world wide. The debut of "El Manisero" was done by Rita Montaner in Havana.

“¡Quién no bailaría con una música así!
¡Eso sí que puede llamarse ritmo!”

Josephine Baker


Moisés Simons, el célebre autor del pregón cubano "El manisero" nació en uno de los más populares barrios habaneros, el de Jesús María, el 24 de agosto de 1888. Murió en Madrid, España, el 28 de Junio de 1945.


Hijo del un músico vasco Leandro Simons, comenzó sus estudios musicales a los cinco años de edad y a los 9 se desempeñaba como Organista de la Iglesia de su barrio natal y un poco después, como Maestro de Capilla de la habanera Iglesia del Pilar.

Muy joven aún fundó una orquesta con la que amenizaba las variedades del Teatro Martí. Luego, pasó al Teatro Payret. Vivió intensamente la bohemia habanera de los cafés al aire libre. Además, estudió con sincera devoción el folclore musical cubano. Algunas de sus composiciones, tomadas de esa fuente, ganaron tanta celebridad como "El manisero" y "Chivo que rompe tambó…", que inmortalizó Ignacio Villa ("Bola de Nieve").


En los años treinta del pasado siglo, Moisés Simons llegó a París. Viajó a esa capital acompañando a Antonio Machín como pianista de su orquesta, que venía de Estados Unidos e Inglaterra. La famosísima Josephine Baker residía entonces en Vesinet y ocupaba una espléndida villa llamada "Beau Chene". Poseía una pantera, que era su mascota preferida, y solía dormir sobre un piano Luis XV.

El músico cubano, muy popular en toda Europa, la visitó. La Baker lo invitó a un café y él encendió un habano. Luego, la célebre vedette le sugirió "atacar", en el piano Luis XV, las primeras notas de una rumba. Simons la complació y, desde el primer acorde, la anfitriona, moviendo la cintura y los brazos, exclamó: "¡Quién no bailaría con una música así! ¡Eso sí que puede llamarse ritmo!". Carpentier fue testigo de la histórica y simpática anécdota.


Ese mismo año de la visita de Simons a París, exactamente el 11 de octubre de 1931, la Mistinguette grabó "El manisero" en la Rue San Martin, corazón de Saint Denis, con la orquestación de la Creole Band del celebérrimo café parisino Coupoule, pero con el título "La rumba d’amour".

Las versiones de la pieza musical cubana eran cada día más numerosas en esos tiempos. Según Carpentier: "El manisero se va… (tal como reitera el pregón) pero vuelve; vuelve, cada vez enriquecido por una nueva voz, por una nueva versión instrumental…".


Casi cuatro lustros después otro cubano, Ernesto Lecuona, incluyó "El manisero" en la película The Cuban Song, filmada con el sello de la Metro Goldwin Meyer. Y un cuarto de siglo más tarde la norteamericana Judy Garland cantó un fragmento de la pieza en el programa "Nace una estrella".

Además de su labor como compositor y músico, Simons también realizó estudios de folklore musical cubano y colaboró como crítico musical con diferentes periódicos en 1930. En la década del 30 fue director de orquesta jazz band e interpretó danzones con este formato instrumental. También fue director técnico de la Sociedad de Conciertos Típicos.


Viajó a España y Francia, y en éste último país alcanzó éxitos con su música. Ingresó en la sociedad de autores de Francia. Su catálogo de obras revela una versatilidad singular en la variedad de géneros, todos abordados con acierto, con obras líricas como "Marta" o afros como "Chivo que rompe tambó". Otras obras: "Suena, guarachita, suena", "Qué es el danzón", "Oh, Cuba hermosa", "La negra Quirina", "Paso ñáñigo", "Rumba guajira", "Serenata cubana", "Nenita", "Flan y merengue", "Kubanacán", y otras.

Simons participó en la musicalización de varias películas y fue presidente de la Asociación de Solidaridad Musical de Conciertos Típicos de Cuba.


Mas tarde trabajó como pianista-concertista y como director musical de compañías teatrales líricas y escribió la opereta "Deuda de Amor", estrenada por Esperanza Iris. Fue director de la orquesta del teatro Martí y participó o estrenó diversas zarzuelas, comedias líricas y revistas musicales escritas por él, como "La Revista de 1914" y "El pescador de corales".

En diciembre de 1931 Alejo Carpentier, entonces corresponsal de la revista Social en París, envió a La Habana una crónica en la que informaba alegremente:

"¡Todo el mundo tiene un disco de nuestro "Manisero" nacional! Los pick-up de los boulevards lo repiten sin cesar; Mistinguette lo canta en el Casino de París; ha invadido Berlín, Bélgica, la Costa de Azur… Se escucha en Palestina, junto al Muro de las Lamentaciones; se ejecuta en Constantinopla, en los cabarés de princesas rusas, víctimas de la revolución; sus maracas suenan junto a los puestos de fritura que hacen toser a la gran esfinge de Egipto…"

Se refería Alejo al son-pregón "El Manisero", del habanero Moisés Simons, compuesto una noche de bohemia en El Prado de la capital insular, con la complicidad de un periodista amigo del autor, al ver cruzar un emigrante asiático pregonando la venta de cucuruchos de maní tostado. Moisés escribió la letra en una servilleta. La melodía la fijó en su mente y luego la trasladó a su piano.


Tres años después otro cubano, Antonio Machín, grabó la pieza en Nueva York acompañado por la orquesta de Don Aspiazu, y la convirtió en la primera versión discográfica de cubanos que vendió un millón de copias, lo que representó, a su vez, el primer boom de la música latinoamericana a nivel mundial. El estreno de "El Manisero" lo realizó Rita Montaner en La Habana.

El Manisero por Moisés Simons

Maní, manisero, maní,
Si te quieres por el pico divertir
cómprate un cucuruchito de maní.
Cuando la calle sola está,
casera de mi corazón,
el manisero entona su pregón.
Y si la niña escucha su cantar
llama desde su balcón.
Came de tu maní,
Esta noche no voy a poder dormir
sin comerme un cucurucho de maní
qué calentico y rico está,
ya no se puede pedir más.
Ay, caserita, no me dejes ir
porque después te vas a arrepentir
Y va a ser muy tarde ya.
Maní, manisero se va,
caballero, no se vayan a dormir
sin comprarme un cucurucho de maní.

 

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