Manual del Perfecto Músico
Idiota Latinoamericano o Hispano
El caso Colón-Estefan: segunda
parte.
Por JAQO
Miami, Florida
Inicialmente, este editorial
comenzó con la siguiente declaración: "Gracias a
la bestia de carga global que llamo 'Osama Melo Lame',
este año no se celebrará el Grammy Latino y debemos agradecerle
el que nos haya ahorrado esa vergüenza". Desdichadamente,
ni siquiera el animalismo de ese impostor humano pudo
contener la venidera mortificación musical y socio-cultural
conocida como el Grammy Latino, cuya segunda
edición agraciadamente pasó cual peo inodoro silencioso.
Es probable que algunos de
ustedes tengan la bendición de sufrir algún tipo de pérdida
de memoria, causada por problemas neurológicos, el alcohol
o estupefacientes, que les permita olvidarse de la pobre
versión inicial de este entrometido suceso promocional.
De recordar, la primera edición de este extenso comercial
fue mancillado por controversias innecesarias que le
recordaron al mundo por qué Simón Bolívar, en una carta
al General Juan José Flores, del 9 de noviembre de 1830,
dijera que América Latina era ingobernable.
En fin de cuentas, la mejor
forma de ilustrar la idiotez de ese programa y el premio
mismo sería el homenaje a Tito Puente con el cual cerró
la edición inicial del Grammy Latino. La audiencia televisiva
no tuvo que sufrir la desfachatada desorganización y
la pobre calidad del sonido del programa, algo estereotípico
entre eventos de esa índole cuando son organizados basados
en tribalismos étnicos. Sólo aquellos con acceso a los
chismes internos se enteraron, por ejemplo, de que durante
el ensayo para el tributo al antiguo Rey de la música
latina, Santana bastante encabronado, salió disparado
de la tarima y ordenó a sus músicos que hicieran lo mismo
para no malograr el nombre del “Rey del timbal”. A la
larga, un Ricky Martin un tanto afeminado y un tanto
incoherente intentó mostrar algún saoco testicular pero
Gloria Estefan y Celia Cruz lo opacaron. Eso fue algo
bastante gracioso: de las tres divas en la tarima, sólo
las que no tenían pene mostraron tener cojones. ¡En verdad,
no fue nada chistoso!
En el trasero del intento
infructuoso que hiciera Willie Colón por subvertir el
primer programa, Emilio Estefan saltó a declarar lo obvio
mediante un semanario miamense llamado “Viernes”. Emilio,
como era de esperarse, decidió tildar a algunos de sus
críticos y a Willie en particular, como izquierdistas
y colaboradores de Fidelín. Eso, sin embargo, fue una
desfachatez de su parte. Uno tiene que estar increíblemente
atrasado en términos intelectuales para dimitir toda
crítica con slogans à la Guerra Fría. “Yo soy derechista
bueno, tú eres izquierdista malo”. Como si le hablara
a un grupo de morones. Eso, sin embargo, cerró la controversia
del caso Colón-Estefan ya que Willie siguió perdiendo
el tiempo en la política, en donde ahora se encuentra
empantanado. Emilio, por supuesto, siguió el curso normal
de sus negocios tentaculares, tales como el segundo Grammy
Latino.
Tan pronto como los planes
para la segunda versión del Grammy Latino salieron a
la luz pública, el mundo pudo ver nuevamente la idiotez
del tribalismo retardado del multicultismo que pudre
el progreso y desarrollo de los hispanos estadounidenses
y América Latina en general. Una vez más, los organizadores
del evento se atrevieron a seguir engañando al mundo
promoviendo a Miami como un refugio de la música latina.
Inicialmente se planificó celebrar el Grammy Latino en
Miami pero las protestas de la vociferante minoría local
le obligó a mudarse a Los Ángeles. Esperar que no fuera
así es otra prueba de la idiotez reinante en el ambiente
artístico y Emilio tiene tanta culpa de ello como cualquier
otra persona. Hay que estar consciente del hecho de que
Miami luce bien a través de una cámara de TV y que se
presta para la mercadotecnia, pero no es ningún centro
o fortín de ningún tipo de música latina. En realidad
es un lugar muy pobre musicalmente hablando. Cuando se
habla de música cubana, es mejor irse a Nueva York o
la costa oeste de los EE.UU., a menos que quiera escuchar
grupos de segunda o asistir a lugares bastante mediocres.
No puede, ni debe esperarse
que la comunidad cubana de Miami ande única y exclusivamente
interesada en la música cubana o latina. Ellos escuchan
y bailan la música que les da la gana y así debe ser.
No puede, ni debe esperarse que la comunidad cubana de
Miami no haga nada al enterarse de que van a presentarse
grupos de la isla en eventos internacionales, con su
correspondiente cobertura en los medios, tales como el
Grammy Latino. Es asunto de estrategia política. ¿Por
qué habría de esperarse que una banda palestina fuera
apoyada en Israel? ¿Por qué creer que el NAACP debe apoyar
un grupo de rap del KKK? Generalmente hablando, cuando
un grupo de Cuba viene a un club de Miami, a la mayoría
de la gente de esta ciudad le importa un soberano pito.
Sin embargo, de saber que una protesta en un evento como
el Grammy Latino va a atraer la atención internacional
de la prensa, sería absurdo no aprovechar esa oportunidad.
Podemos estar en desacuerdo en cuanto a cuán representativos
son esos grupachos vociferantes de la realidad cubana
en el exilio, pero ellos, al igual que Emilio, tienen
menos poder cultural del que se les adjudica.
Una vez que el Grammy Latino
salió, a última hora, de Miami, ‘Osama Melo Lame’ se
ocupó del resto. Los organizadores del Grammy Latino
no podían decidir si iban a transmitir el programa o
no, hasta que decidieron, tras anunciar que no harían
nada, hacer una ceremonia bastante insignificante para
entregar sus premios promocionales. Esa es la realidad
tras la histeria anti-Estefánica, Miami, los que andan
oliéndole el fondillo a Castro, los izquierdistoides,
los derechoides y todos aquellos seres pensantes que
estamos atrapados en medio de esa sarta.
Por favor, no tomen ningún
premio muy en serio porque ninguno lo es.
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