Recuerdo
en vida de Joe Cuba
Por JAQO
Gilberto
Calderón, sabiamente bautizado como Joe Cuba por un promotor
musical, supo crearse su espacio en la historia de la música
bailable hispana nuevayorquina con una fórmula innovadora y
sencilla basada en un sexteto rítmico: un cantante acompañado
solamente por una sección percusiva coloreada por el sonido
del vibráfono. No fue el creador de ese tipo de grupo, ni su
exclusivo proponente, pero el susodicho sonido siempre se le asociará
ya que el Sexteto de Joe Cuba fue su suprema expresión. Aunque
figura en el medio ambiente musical desde comienzos de los 1950, su
verdadera ascensión a la cuesta de la fama llegó en
los 1960 cuando el contexto musical nuevayorquino andaba en un período
de transición tras la era de las orquestas gigantes del Mambo
cediera su preeminencia a varias expresiones musicales entre las cuales
su sexteto sobresalió durante el período del Bugalú.
Sin embargo, aún antes de los tiempos del Bugalú la
carrera de Joe como director de banda, compositor y conguero, dio
señales claras de lo que, en su momento, serían características
destacadas de la forma de hacer música llamada Salsa, de la
cual no fue una figura preponderante. Uno podría resumir su
importancia musical de esta manera:
El Sexteto
de Joe Cuba pudo popularizar el uso de letras en inglés en
un medio ambiente musical percusivo, tosco y agresivo, con la destreza
de enamorar a cualquier tipo de audiencia bailadora u oyente, de casi
cualquier clase de trasfondo.
Joe Cuba
pudo adquirir popularidad quedándose anclado, así como
expresando, lo que mejor conocía: el barrio.
El Sexteto
de Joe Cuba jamás se esclavizó a nociones dementes de
pureza musical o legitimidad. Fue sincero consigo mismo y su entorno
ya que la obra de Joe Cuba es uno de los mejores ejemplos de la realidad
neorriqueña: la adaptación a mercados y condiciones
sociales en constante flujo como un medio de vida y ser auténtico
y rentable.
Aquí
hay un buen enlace sobre él y su obra. Sus mejores trabajos
son excelentes grabaciones que se prestan para bailar hasta hartarse
y vale la pena adquirirlas:
SU
BIOGRAFIA
Los recuerdos
primordiales que tengo en mi red neural acerca de Joe Cuba están
asociados con lo que en Puerto Rico llamábamos, durante los
1960 y los 1970, paris de marquesina. Es difícil
olvidar cuán difícil era seguirle el paso a su divertido,
veloz y agresivo tipo de Salsa mientras uno bailaba sus números
más rápidos; aunque no es difícil recordar cuán
sabroso era pegarse de alguien querido durante las composiciones más
lentas y románticas. Esto último aplicaba particularmente
cuando José Cheo Feliciano cantaba. Muchas veces,
nosotros los adolescentes, terminábamos con el pene erecto
al final de las susodichas canciones deseando desesperadamente que
nadie se diera cuenta o que otro igualmente fantástico numerito
de Salsa prosiguiera para desviar el flujo sanguíneo a otro
lugar. Las damas, por supuesto, también se las arreglaban para
pasarla muy bien.
El sitial
de Joe Cuba está asegurado en la historia musical de New York
y el resto del mundo que ha sido influido por los susodichos impulsos.
Eso no está nada mal para un muchacho nacido en Harlem que
aprendió a tocar conga, aunque no sobresaliera como tal, luego
de un accidente jugando pelota callejera, aunque se las arregló
para alcanzar la divinidad musical.
Más
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Afropop
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